SMOOTH JAZZ & SOUL

Mostrando entradas con la etiqueta #DignidadHumana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #DignidadHumana. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de abril de 2026

“Antes de opinar, recordemos quiénes somos”

 

 




 

Costa Rica ha sido, históricamente, una tierra de encuentro.

 

Muchos de nosotros llevamos en la sangre la historia de alguien que llegó desde lejos. Mis abuelos, por ejemplo, vinieron desde España huyendo de la guerra. Y como esa, hay miles de historias en este país. Historias de personas que no llegaron por comodidad, sino por necesidad.

 

Por eso, cuando hoy se habla de migración, siento que antes de opinar, deberíamos recordar algo esencial:

nosotros también venimos de migrantes.

 

Se ha creado una narrativa donde se señala al extranjero como problema:

que viene a delinquir, que viene a quitar trabajo, que viene a ser una carga.

 

Pero si somos honestos, eso no representa la realidad completa.

 

La gran mayoría de las personas que llegan a este país vienen a trabajar, a aportar, a reconstruir su vida.

Y sí, como en cualquier sociedad, hay excepciones. Pero convertir la excepción en regla no es justo… ni es verdad.

 

Más bien, muchas veces esa narrativa se utiliza para generar división, miedo y control.

 

Yo no niego que vivimos en un mundo con fronteras. Existen, están ahí.

Pero también creo que esas fronteras no deberían definir nuestra humanidad.

 

Porque más allá de banderas, acentos o documentos, todos somos parte de lo mismo:

seres humanos tratando de salir adelante.

 

Nadie deja su hogar porque quiere sufrir.

Nadie abandona su tierra para que lo persigan, lo humillen o lo rechacen.

 

La gente migra por necesidad.

Por dolor.

Por esperanza.

 

Y si alguien ha llegado hasta aquí, lo mínimo que merece es ser visto con dignidad.

 

Tal vez no podamos cambiar las decisiones de los gobiernos.

Pero sí podemos decidir cómo tratamos a quien tenemos enfrente.

 

En mis “tres metros”, al menos, yo elijo esto:

no juzgar sin conocer,

no cerrar el corazón,

y recordar que, en algún momento, nosotros también fuimos los que llegaron.

 

🌱 “Tal vez el mundo no cambie de un día para otro. Pero cada vez que elegimos no juzgar, no cerrar el corazón y no darle la espalda a otro ser humano, algo cambia. Y tal vez, solo tal vez, así empieza el verdadero cambio.”

domingo, 25 de enero de 2026

Que es ser Hombre ?

 


Poco se habla de lo difícil que es ser hombre.

De los privilegios, eso sí, se habla mucho.
Pero casi nadie mira cómo muchos se rompen en silencio.
No porque sean menos sensibles, sino porque aprendieron desde temprano a aguantar.
A seguir.
A no quejarse.
A cumplir.
Muchos se quedan atrás en la escuela, no por falta de inteligencia, sino porque siempre se esperó que sirvieran más con el cuerpo que con la palabra. Que cargaran, que resistieran, que obedecieran. Y así pasan los años.
Si alguien quiere ver esos supuestos privilegios, que se acerque a una mina donde no entra la luz, a un turno nocturno donde el sueño se vuelve parte del trabajo, a un puerto industrial donde el ruido no se detiene.
Que mire a los hombres bajo el sol que quema desde temprano, bajo la lluvia que cala los huesos, subidos en alturas donde un error basta para no volver a casa.
Hombres que sostienen todo sin ser vistos.
Que están siempre, porque si ellos paran, algo se cae.
Imprescindibles, pero invisibles.
Necesarios, pero fácilmente reemplazables.
Cuando se habla de privilegios, casi siempre se mira hacia arriba: millonarios, políticos, directivos. Pero esos no son la mayoría. La vida de unos pocos no explica la vida de millones.
Y no, esto no va de enfrentar hombres y mujeres.
El sistema rompe personas.
Rompe mujeres, rompe hombres, rompe niños, rompe ancianos.
Solo que a muchos hombres se les enseñó a callar el dolor, a no pedir ayuda, a seguir incluso cuando ya no pueden más.
Nombrar esto no es negar otras realidades.
Es ampliar la mirada.
Es recordar que somos humanos antes que cualquier etiqueta.
Y aun así, no todo está perdido.
Nada está escrito para siempre.
Cambiar no empieza en grandes discursos ni en frases bonitas. Empieza en algo mucho más simple: en escucharnos, en permitirnos ser, en crear espacios donde alguien pueda decir “no puedo más” sin sentirse menos.
Empieza cuando dejamos de exigir dureza y empezamos a cultivar humanidad.
Cuando entendemos que ser fuerte también es saber abrir el corazón.
Cuando nos tratamos con más compasión que juicio.
Tal vez no cambiemos el mundo entero.
Pero sí podemos cambiar el mundo que nos rodea.
Y a veces, eso es suficiente para empezar.

🌿 El Agua: memoria de la vida

  El agua siempre me ha cautivado. Algo tan esencial, compuesto simplemente por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno —H₂O— encierra el...