El propósito de esta página es que todos los seres humanos podamos vernos como una sola familia, más allá de religiones, ideologías o fronteras, y despertar una conciencia basada en el amor, la compasión y la unidad.
SMOOTH JAZZ & SOUL
martes, 10 de febrero de 2026
Milk'n Blues - The Thrill is Gone + Summertime (BB king + George Gershwi...
jueves, 5 de febrero de 2026
El mal como ausencia de amor: una ética de la responsabilidad
Desde hace años he llegado a una convicción que suele incomodar:
el bien y el mal no existen como entidades opuestas y equivalentes.
No son dos fuerzas enfrentadas en un tablero cósmico.
Para mí, solo existe el amor y su ausencia.
Aquello que llamamos bien es todo lo que brota del amor:
la justicia, la compasión, la dignidad, la paz, el equilibrio, el carácter.
Aquello que llamamos mal no es una sustancia ni una esencia,
sino un vacío, una desconexión, una ausencia de amor.
Esta visión no busca justificar el daño.
Busca comprender su raíz.
Porque el daño es real.
Las heridas existen.
El sufrimiento no es una abstracción.
Pero comprender el origen del daño no lo anula:
lo vuelve más profundamente responsable.
Comprender no es excusar
Existe una confusión frecuente:
creer que comprender a quien daña equivale a absolverlo.
No es así.
Comprender es ampliar la mirada sin renunciar a la responsabilidad.
Es mirar tanto a quien ha sido dañado
como a quien ha causado el daño,
sin perder de vista el contexto, la historia y las condiciones que moldean al ser humano.
Cuando alguien actúa desde la violencia, la indiferencia o la crueldad,
rara vez lo hace desde la plenitud.
Casi siempre lo hace desde la carencia,
desde una historia marcada por la ausencia de amor.
Esto no elimina la responsabilidad personal.
La sitúa en un marco más amplio.
El ser humano es libre,
pero no es ahistórico.
Decide,
pero decide desde un suelo que no siempre eligió.
Justicia, castigo y venganza
La mayoría de los sistemas humanos confunden justicia con venganza.
Cuando alguien daña, la respuesta suele ser infligir un daño proporcional.
Se busca equilibrar el mal con más mal.
Pero el daño no se repara replicándolo.
Quitarle tiempo de vida a alguien que robó
no devuelve lo robado.
Encerrar sin transformar
no restaura lo quebrado.
Por eso pienso que muchas cárceles no corrigen:
reproducen la ausencia de amor
y la institucionalizan.
Esto no significa que todo deba ser permitido.
Hay conductas que deben ser contenidas.
Hay personas que no pueden permanecer libres sin causar daño.
Pero contener no es vengarse.
Proteger no es odiar.
Poner límites no es negar la dignidad del otro.
Los límites verdaderos se ponen por amor,
no por castigo.
Amor, carácter y elección
El amor del que hablo no es sentimentalismo.
El sentimentalismo es emoción sin dirección,
sensibilidad sin carácter,
sentir sin actuar.
El amor auténtico es exigente.
Educa.
Orienta.
Responsabiliza.
Por amor a la vida se construye carácter.
Por amor a uno mismo y a los demás se elige no dañar.
Por amor se asumen las consecuencias de los propios actos.
He visto demasiadas lágrimas que no transforman nada
y demasiada indignación que no se convierte en compromiso.
Sentir no basta.
Actuar con conciencia es indispensable.
Responsabilidad personal en un mundo injusto
Reconocer los condicionamientos sociales no implica negar la libertad.
El contexto influye, pero no determina de forma absoluta.
Yo crecí en un entorno difícil.
Pude haber tomado otros caminos.
No lo hice.
No porque el sistema me educara para ello,
sino porque elegí construir carácter.
Esa elección es posible, aunque no sea fácil.
Y por eso la responsabilidad personal sigue siendo central.
Dios, amor y castigo
Desde esta perspectiva, una idea de Dios como ente vengativo resulta incoherente.
Si la Fuente es amor,
no puede actuar desde el resentimiento ni el castigo eterno.
El infierno, más que un castigo impuesto,
podría entenderse como la experiencia de la desconexión del amor.
No como condena divina,
sino como consecuencia existencial.
El amor no castiga.
El amor educa.
El amor busca restaurar.
Una ética de la conciencia
No se trata de negar el daño.
Se trata de no multiplicarlo.
No se trata de ingenuidad.
Se trata de madurez.
Una ética basada en el amor no es débil.
Es profundamente responsable.
Porque exige conciencia, carácter y elección constante.
El mal no es una fuerza que se combate.
Es una ausencia que se revela.
Y cada acto realizado sin amor
no solo hiere al otro,
sino que nos hiere a nosotros mismos,
alejándonos de aquello que nos hace verdaderamente humanos.
domingo, 25 de enero de 2026
Que es ser Hombre ?
Poco se habla de lo difícil que es ser hombre.De los privilegios, eso sí, se habla mucho.
Pero casi nadie mira cómo muchos se rompen en silencio.
No porque sean menos sensibles, sino porque aprendieron desde temprano a aguantar.
A seguir.
A no quejarse.
A cumplir.
Muchos se quedan atrás en la escuela, no por falta de inteligencia, sino porque siempre se esperó que sirvieran más con el cuerpo que con la palabra. Que cargaran, que resistieran, que obedecieran. Y así pasan los años.
Si alguien quiere ver esos supuestos privilegios, que se acerque a una mina donde no entra la luz, a un turno nocturno donde el sueño se vuelve parte del trabajo, a un puerto industrial donde el ruido no se detiene.
Que mire a los hombres bajo el sol que quema desde temprano, bajo la lluvia que cala los huesos, subidos en alturas donde un error basta para no volver a casa.
Hombres que sostienen todo sin ser vistos.
Que están siempre, porque si ellos paran, algo se cae.
Imprescindibles, pero invisibles.
Necesarios, pero fácilmente reemplazables.
Cuando se habla de privilegios, casi siempre se mira hacia arriba: millonarios, políticos, directivos. Pero esos no son la mayoría. La vida de unos pocos no explica la vida de millones.
Y no, esto no va de enfrentar hombres y mujeres.
El sistema rompe personas.
Rompe mujeres, rompe hombres, rompe niños, rompe ancianos.
Solo que a muchos hombres se les enseñó a callar el dolor, a no pedir ayuda, a seguir incluso cuando ya no pueden más.
Nombrar esto no es negar otras realidades.
Es ampliar la mirada.
Es recordar que somos humanos antes que cualquier etiqueta.
Y aun así, no todo está perdido.
Nada está escrito para siempre.
Cambiar no empieza en grandes discursos ni en frases bonitas. Empieza en algo mucho más simple: en escucharnos, en permitirnos ser, en crear espacios donde alguien pueda decir “no puedo más” sin sentirse menos.
Empieza cuando dejamos de exigir dureza y empezamos a cultivar humanidad.
Cuando entendemos que ser fuerte también es saber abrir el corazón.
Cuando nos tratamos con más compasión que juicio.
Tal vez no cambiemos el mundo entero.
Pero sí podemos cambiar el mundo que nos rodea.
Y a veces, eso es suficiente para empezar.
La teoría de los tres metros
Conciencia encarnada como forma de habitar el mundo
Introducción
En los últimos años, la conciencia se ha convertido en un tema recurrente: se estudia, se
clasifica, se jerarquiza. La neurociencia, la filosofía, la sociología y la tecnología intentan
comprenderla desde distintos ángulos. Ese esfuerzo responde a algo profundamente
humano: el asombro frente a nuestra propia experiencia.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental que pocas veces se explicita con claridad:
no es lo mismo estudiar la conciencia que vivir conscientemente.
Una cosa es la conciencia como objeto de análisis; otra, muy distinta, es la conciencia
como forma de habitar el mundo. La primera satisface el entendimiento; la segunda
transforma la vida.
Este texto parte de esa distinción.
1. Conciencia: del estudio al modo de vida
La conciencia, entendida solo como campo de estudio, puede convertirse en un discurso
sofisticado que no necesariamente se traduce en presencia, responsabilidad o cuidado. Se
puede saber mucho sobre la conciencia y, aun así, vivir de forma automática, reactiva o
desconectada.
Por eso, más allá de definiciones o escalafones, aquí se propone entender la conciencia
como:
una práctica cotidiana,
una forma de relación,
una ética encarnada en lo inmediato.
La pregunta central deja de ser qué es la conciencia y se vuelve:
¿cómo vivo desde ella?
2. Una analogía legítima (y sus límites)
La idea de los tres metros surgió a partir de una analogía, no de una afirmación científica.
Al observar cómo funciona el cerebro —las neuronas, las sinapsis, los impulsos eléctricos
y los procesos químicos que permiten la comunicación— resulta evidente que ninguna
neurona existe aislada. Cada una cumple su función dentro de una red. La vida emerge de
la relación.
Pensar al ser humano como una “unidad básica de relación” dentro de un sistema mayor
es una analogía útil, siempre que se mantenga clara la frontera entre ciencia y reflexión
ética.
No se trata de afirmar que los seres humanos somos literalmente neuronas, ni que exista
un “campo energético” místico. Se trata de reconocer algo más simple y verificable:
vivimos inmersos en relaciones, y nuestras acciones locales tienen efectos reales.
3. Los tres metros: el espacio que realmente habitamos
Cada persona habita, en cada momento, un espacio inmediato. Un campo cercano donde
su presencia se manifiesta de forma directa. A ese espacio lo llamo los tres metros.
No es una cifra exacta ni simbólica: es una manera concreta de nombrar el entorno que
realmente tocamos.
En esos tres metros:
hablamos,
actuamos,
escuchamos o ignoramos,
cuidamos o dañamos,
humanizamos o deshumanizamos.
Ese es el único lugar donde nuestra conciencia se vuelve verificable.
La teoría de los tres metros se resume en una afirmación simple:
No puedo controlar el mundo,
pero sí soy responsable del espacio que habito.
4. Conciencia sin escalafones
Con frecuencia se habla de niveles o jerarquías de conciencia, como si se tratara de una
escalera ascendente. Este enfoque suele generar comparaciones, identidades rígidas o
incluso nuevas formas de ego.
La conciencia, sin embargo, no funciona como un ascenso lineal. Es un proceso dinámico:
se expande, se contrae, se integra o se fragmenta según cómo vivimos.
Una persona puede ser profundamente consciente en un ámbito y completamente
inconsciente en otro. Por eso, más que clasificar la conciencia, importa encarnarla.
Y esa encarnación ocurre, siempre, en lo inmediato.
5. De lo individual a lo colectivo
La teoría de los tres metros no propone una utopía ni una solución global diseñada desde
arriba. Propone algo más modesto y, por ello, más honesto: la responsabilidad
individual como punto de partida.
La conciencia colectiva no es la suma mecánica de conciencias individuales. Es un
fenómeno emergente. Surge cuando suficientes personas viven con coherencia en el
espacio que habitan.
No por imposición.
No por dogma.
No por ideología.
Sino por resonancia.
Cuando el cuidado, la atención y la responsabilidad se practican de manera cotidiana, el
campo común cambia como consecuencia, no como objetivo impuesto.
6. Una semilla, no una receta
La teoría de los tres metros no es un manual de conducta ni una moral cerrada. No dice
qué pensar ni cómo vivir. Ofrece un punto de partida:
Habitar conscientemente el espacio que tocamos.
No promete perfección.
No promete iluminación.
No promete respuestas finales.
Solo propone algo profundamente humano: no delegar nuestra responsabilidad en
abstracciones y reconocer que el mundo comienza donde estamos.
Si cada persona cuidara sus tres metros —con honestidad, apertura y respeto—, no se
construiría un mundo perfecto, pero sí uno más habitable.
Y quizá eso sea suficiente.
domingo, 20 de abril de 2025
Jesús, mi maestro humano
domingo, 17 de mayo de 2020
Vive libre... Muere en paz
Cuando se percibe el absurdo, el sinsentido de la vida, se percibe también que no hay metas y que no hay progreso. Se entiende, aunque no se quiera aceptar, que la vida nace con la muerte adosada; que la vida y la muerte no son consecutivas, sino simultáneas e inseparables. Si uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y rutinas en las que no cree es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia. Morimos desde el momento en que nacemos y solo teme a la muerte quien no ha vivido.
Puede que no tengamos que ser felices o puede que la felicidad es solo una idea que nos impulsa por la vida, puede que la gratitud no tenga nada que ver con la alegría, puede que ser agradecido signifique estar contento con lo que tienes y agradecido aún con lo que no tienes, apreciar las victorias, admirar la lucha que implica seguir viviendo. Quizás estamos agradecidos por lo que nos resulta familiar y puede que por las cosas que no sabremos nunca. Al final del día el simple hecho de tener el valor de no derrumbarnos, es suficiente motivo para celebrarlo.
Podríamos sumergirnos en la angustia, el dolor y la desesperanza, pero donde quedarían nuestros sueños, esos en los que nos vemos contentos, únicos dueños de nuestros destinos. En muchos de estos sueños nos vemos junto a alguien amigos, familiares los más cercanos a nuestras vidas y es que influimos en las vidas de quienes se cruzan en las nuestras, el resultado de esta colisión es que nos llevamos algo de esa persona y entregamos algo de la nuestra Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso es un verso. No se extraña un país, se extraña un barrio en todo caso, pero también lo extrañas si te mudas a diez cuadras. El que se siente patriota, el que se cree que pertenece a un país, es un tarado mental. La patria es un invento, Existe una sola patria La Tierra, podemos extrañar a un hermano que se haya marchado de este mundo a uno entrañable, a ese hermano que pudiste contar los más íntimos secretos y anhelos sin juzgarte, ese que te acompañó a sitios a los que no quería ir, Todos sentimos dolor, todos tenemos caos en nuestras vidas. La vida es muy muy confusa, lo sé. No tengo respuestas, pero sé que si lo sacas fuera te sentirás mejor, No temes a la muerte, le tienes miedo a la vida me gusta pensar que nuestra vida nos pertenece, que podemos cambiarla sin más, como queramos. Que podemos cambiar de vida tomando una decisión en un instante Siempre vale la pena reflexionar acerca de lo fugaz que es la vida. Como la arena solo podemos sujetar una cantidad limitada en nuestras manos toda la vida es un acto de dejar ir, pero lo que más duele es no tomar un momento para decir adiós y mientras escribo se me sale el corazón del pecho Así es como deberías sentirte toda tu vida y es demasiado corta como para no perdonar y para juzgar y no amar, cuando joven pensaba que esta realidad terrible era cuanto había pero vosotros sois la mejor prueba de que la magia existe, que hay más… Porque tener nostalgia en sí no es malo, eso es que te han pasado cosas buenas y las echas de menos, sería una putada no tener nada bueno que echar de menos, como la primer veces que una chica te beso y la luz en la mirada de tu madre, esa vez en que hiciste algo que te diera tanta satisfacción con para saltar de alegría, se que a veces me enredo en mis escritos pero la verdad es que la muerte de mi hermano me ha recordado la vida y esta es lo que hagamos de ella es como veamos al mundo, como nos miremos a nosotros y cuanto hayamos influenciado es mundo en nuestro paso por el un poco como seremos recordados .
Que la vida sea en todos.
miércoles, 5 de septiembre de 2018
domingo, 28 de enero de 2018
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Nuestra receta para una deliciosa combinación de frutas fácil y rápida. El jugo (zumo) de papaya, toronja (pomelo) y nopal (cactus) es delic...






