Vivimos tiempos extraños.
Nunca antes habíamos tenido tanta información al alcance de la mano…
y, sin embargo, nunca había sido tan difícil distinguir la verdad.
Hoy todo se mezcla:
la ciencia con la especulación,
los hechos con las creencias,
la lógica con el miedo.
Un merengue, como diría un amigo.
Y en medio de ese ruido, el ser humano busca respuestas.
No porque sea ingenuo… sino porque necesita sentido.
He aprendido algo con los años:
no todo lo que suena profundo es verdad,
y no toda duda conduce a la luz.
Hay quienes creen que las pirámides fueron hechas por manos que no son de este mundo.
Otros dudan de lo que ha sido comprobado una y otra vez.
Y no los juzgo.
Porque cada creencia nace de una necesidad…
de entender, de pertenecer, de encontrar un lugar en este universo inmenso.
Pero también he comprendido algo que me ha dado paz:
Una creencia es una elección,
pero no es una evidencia.
Si alguien decide creer en un unicornio rosa que vuela,
yo no tengo derecho a quitarle su idea.
Pero tampoco estoy obligado a aceptarla como realidad.
La verdad no se impone…
pero tampoco se construye solo con deseos.
Por eso, cuando escucho algo extraordinario, no lo rechazo de inmediato…
pero tampoco lo abrazo sin preguntarme:
¿Dónde está la evidencia?
¿Puede comprobarse?
¿Hay otra explicación más simple?
¿A quién le sirve que yo crea esto?
No se trata de desconfiar de todo,
sino de aprender a mirar.
Porque hay algo más profundo aún…
La realidad.
Esa pregunta que ha acompañado al ser humano desde siempre:
¿qué es lo real?
No lo sé con certeza.
Y tal vez nunca lo sepamos del todo.
Pero intuyo algo:
Que más allá de teorías, simulaciones o misterios,
hay una realidad que sí podemos tocar cada día.
La forma en que pensamos.
La manera en que tratamos a los demás.
La honestidad con la que buscamos la verdad.
Ahí, en ese pequeño espacio que habitamos,
en esos tres metros que nos rodean,
tenemos la oportunidad de vivir con claridad.
No para convencer a nadie.
No para tener la razón.
Sino para no perdernos en la niebla.
Porque al final…
No es quien más cree el que más entiende,
sino quien más cuestiona con humildad,
y más ama con conciencia.