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miércoles, 15 de julio de 2026

Metropolis: cuando el futuro nos habla del presente

 






Hace unos días volví a pensar en Metropolis, aquella obra maestra del cine mudo dirigida por Fritz Lang en 1927. Resulta curioso que, en algunas de sus versiones más conocidas, la historia se sitúe precisamente en el año 2026. Casi un siglo después de su creación, la película continúa haciéndonos preguntas que siguen esperando una respuesta.

Muchos creen que la ciencia ficción intenta adivinar cómo será el mañana. Yo pienso que las grandes obras hacen algo mucho más profundo: utilizan el futuro para hablar del ser humano.

Metropolis no trata de máquinas.

Trata de nosotros.

La ciudad está construida hacia arriba y hacia abajo. En las alturas viven quienes disfrutan de los frutos del progreso; en las profundidades trabajan quienes lo hacen posible. No es únicamente una diferencia de niveles arquitectónicos. Es una metáfora de una sociedad donde unos pocos pueden olvidar que su bienestar descansa sobre el esfuerzo de otros.

Los obreros aparecen como piezas de un inmenso mecanismo. Su valor no reside en su humanidad, sino en su utilidad. Cuando una pieza falla, se reemplaza.

Quizá esa sea una de las preguntas más incómodas de la película:

¿Cuándo dejamos de ver personas y comenzamos a ver únicamente recursos, mano de obra o cifras?

Otra imagen poderosa es la de Rotwang, el inventor. Su mano derecha ha sido sustituida por una prótesis mecánica. No veo en ella solo un accidente o un detalle estético. Veo el precio de un progreso que, cuando pierde su orientación ética, termina transformando también a quien lo impulsa.

Mientras intenta dar vida a una máquina, él mismo comienza a parecerse a ella.

Es una advertencia que hoy cobra un significado especial. Podemos desarrollar tecnologías extraordinarias, construir inteligencias artificiales, automatizar procesos y aumentar nuestra capacidad de producir. Sin embargo, ninguna innovación tendrá verdadero valor si para alcanzarla sacrificamos aquello que precisamente nos hace humanos: la empatía, la compasión y la dignidad.

La película nos regala una frase que atraviesa el tiempo:

"El mediador entre la cabeza y las manos debe ser el corazón."

Durante años pensé que era una frase poética. Hoy creo que es una propuesta ética.

La cabeza representa el conocimiento.

Las manos representan el trabajo.

Pero el corazón representa aquello que da sentido a ambos.

No hablo del corazón como sentimentalismo, sino como el lugar donde habitan nuestros valores más profundos.

Vivimos en una época que admira la eficiencia, la velocidad y los resultados. Todo eso es importante. Pero me pregunto si también estamos dedicando el mismo esfuerzo a cultivar la humanidad.

No sueño con una sociedad perfecta. Ninguna lo será.

Sueño con una sociedad donde las personas nunca sean consideradas piezas de recambio; donde el éxito económico no tenga más valor que la dignidad humana; donde el progreso tecnológico camine de la mano del progreso moral.

Algunos dirán que es una idea ingenua.

Tal vez.

Pero todas las grandes transformaciones comenzaron siendo una idea considerada imposible.

Creo que el verdadero cambio no nace únicamente en los gobiernos, en las empresas o en las instituciones.

Nace cuando cada uno decide mirar al otro como un ser humano y no como un instrumento.

Porque el futuro no depende solamente de las máquinas que construyamos.

Depende, sobre todo, del corazón con el que decidamos utilizarlas.

Tal vez no podamos cambiar el mundo de un día para otro. Pero sí podemos decidir qué clase de mundo existe en nuestros tres metros. Allí donde vivimos, trabajamos y amamos, podemos elegir que la dignidad esté por encima del interés, que el diálogo venza al desprecio y que el corazón sea el puente entre nuestras ideas y nuestras acciones. Si cada uno cuidara sus tres metros, el mundo entero comenzaría a cambiar.

"El futuro no se construye únicamente con máquinas más inteligentes, sino con seres humanos más conscientes. Comienza en nuestros tres metros."

domingo, 17 de mayo de 2020

Vive libre... Muere en paz

Sueños, imágenes caprichosas que mezclan nuestros recuerdos, alborotan nuestra memoria durante noches y noches, horas y horas. Los sueños están ahí, cada noche, dentro de tu cabeza. Nadie puede verlos excepto tú porque son tuyos. Sin embargo, no puedes controlarlos, dependen de sí mismos, aunque se alimentan de ti, pero son simplemente sueños. En los sueños todo es posible: volar, amar lo odiado, vivir lo que nunca has vivido, morir y volver a nacer. De los sueños puedes aprender, puedes olvidarlos; lo único que no debes hacer jamás es depender de ellos porque los sueños no respetan la razón ni el sentido, por eso nadie debería entrar en los sueños de otro, nadie vivo. Muchas veces he dicho que cada vez que me duermo es como si muriera y resucitara por la mañana, pienso en la muerte todos los días en ocasiones me asusta no el hecho de abandonar este cuerpo, creo que más bien el que no exista nada después de… y es cuando mis creencias se ponen a prueba, en ese momento me esfuerzo por unir con el Amor pues es en el Amor donde todo tiene sentido
 Cuando se percibe el absurdo, el sinsentido de la vida, se percibe también que no hay metas y que no hay progreso. Se entiende, aunque no se quiera aceptar, que la vida nace con la muerte adosada; que la vida y la muerte no son consecutivas, sino simultáneas e inseparables. Si uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y rutinas en las que no cree es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia. Morimos desde el momento en que nacemos y solo teme a la muerte quien no ha vivido.
Puede que no tengamos que ser felices o puede que la felicidad es solo una idea que nos impulsa por la vida, puede que la gratitud no tenga nada que ver con la alegría, puede que ser agradecido signifique estar contento con lo que tienes y agradecido aún con lo que no tienes, apreciar las victorias, admirar la lucha que implica seguir viviendo. Quizás estamos agradecidos por lo que nos resulta familiar y puede que por las cosas que no sabremos nunca. Al final del día el simple hecho de tener el valor de no derrumbarnos, es suficiente motivo para celebrarlo.

 Podríamos sumergirnos en la angustia, el dolor y la desesperanza, pero donde quedarían nuestros sueños, esos en los que nos vemos contentos, únicos dueños de nuestros destinos. En muchos de estos sueños nos vemos junto a alguien amigos, familiares los más cercanos a nuestras vidas y es que influimos en las vidas de quienes se cruzan en las nuestras, el resultado de esta colisión es que nos llevamos algo de esa persona y entregamos algo de la nuestra Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso es un verso. No se extraña un país, se extraña un barrio en todo caso, pero también lo extrañas si te mudas a diez cuadras. El que se siente patriota, el que se cree que pertenece a un país, es un tarado mental. La patria es un invento, Existe una sola patria La Tierra, podemos extrañar a un hermano que se haya marchado de este mundo a uno entrañable, a ese hermano que pudiste contar los más íntimos secretos y anhelos sin juzgarte, ese que te acompañó a sitios a los que no quería ir, Todos sentimos dolor, todos tenemos caos en nuestras vidas. La vida es muy muy confusa, lo sé. No tengo respuestas, pero sé que si lo sacas fuera te sentirás mejor, No temes a la muerte, le tienes miedo a la vida me gusta pensar que nuestra vida nos pertenece, que podemos cambiarla sin más, como queramos. Que podemos cambiar de vida tomando una decisión en un instante Siempre vale la pena reflexionar acerca de lo fugaz que es la vida. Como la arena solo podemos sujetar una cantidad limitada en nuestras manos toda la vida es un acto de dejar ir, pero lo que más duele es no tomar un momento para decir adiós y mientras escribo se me sale el corazón del pecho Así es como deberías sentirte toda tu vida y es demasiado corta como para no perdonar y para juzgar y no amar, cuando joven pensaba que esta realidad terrible era cuanto había pero vosotros sois la mejor prueba de que la magia existe, que hay más… Porque tener nostalgia en sí no es malo, eso es que te han pasado cosas buenas y las echas de menos, sería una putada no tener nada bueno que echar de menos, como la primer veces que una chica te beso y la luz en la mirada de tu madre, esa vez en que hiciste algo que te diera tanta satisfacción con para saltar de alegría, se que a veces me enredo en mis escritos pero la verdad es que la muerte de mi hermano me ha recordado la vida y esta es lo que hagamos de ella es como veamos al mundo, como nos miremos a nosotros y cuanto hayamos influenciado es mundo en nuestro paso por el un poco como seremos recordados .


Que la vida sea en todos.

domingo, 28 de enero de 2018

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Todos Somos UNO Resurrección

Frases del Principito

miércoles, 30 de agosto de 2017

Dos puntos lejanos








Dos puntos lejanos , equidistantes ,
convergen , en un punto.
Espacio infinito ,
que se llena de sentimientos .
Espacios vacios , de tu alma y la mia ,
la nuestra .
Fifuras abstractas , de tu cuerpo y el mio ,
se entrelazan en un punto .
Nos traspasan los colores 
y en triangulo , convergen , los deseos contenidos .
Espacios , concavo y convexo ,
se comunican mutuamente ,
calores humanos ,
cargados , barrocos ,,
humus soslayan en copula ardiente , de colores calidos y frios ,
se bifurcan en violado trasmutado , de amor nuestro .
Una opera , perfecta ,
en un blanco lecho de ensueños .
Entre dos puntos lejanos ...
equidistantes que convergen en un punto ,
solo nuestro , siempre .

Metropolis: cuando el futuro nos habla del presente

  Hace unos días volví a pensar en Metropolis, aquella obra maestra del cine mudo dirigida por Fritz Lang en 1927. Resulta curioso que, en...