Yo pretendo que haya poesía en mi vida, y aventura, y amor.
No la ilusión aprendida del amor,sino ese amor verdadero que nace del alma
y es capaz de derrumbar la vida entera.
Un amor impetuoso y vasto,
colosal como el universo mismo,
ingobernable como un viento interior
ante el cual nada se puede,
ya sea que nos despoje o nos eleve.
Yo debo conocer ese amor.
Pero más que conocerlo, habitarlo.
Porque el amor es más que un sentimiento:
es una vibración primera,
la misma que hace danzar los electrones en el átomo
y mantiene a las estrellas en su camino.
Si no recuerdas esa suave locura
en la que el amor te disolvió el ego
y te devolvió a lo esencial,
entonces no has amado.
El amor consuela
como la luz que aparece tras la tormenta.
Es armonía en la aparente contradicción,
la excepción sagrada a toda regla.
Porque no somos nosotros quienes amamos:
es el amor quien nos recuerda quiénes somos.
