Hoy se habla de
crecimiento, de cifras, de porcentajes que suben.
Se habla de
bonanza.
Pero en la calle,
la realidad cuenta otra historia.
En Costa Rica, uno
de cada cuatro jóvenes que quiere trabajar no encuentra empleo.
Y eso no es un
número… es una vida detenida, un sueño en pausa, una oportunidad que se pierde.
No podemos seguir
esperando que la solución venga de arriba, mientras el problema crece abajo.
El cambio real no
nace en los discursos.
Nace en la acción
cotidiana, en lo cercano, en lo humano.
Empieza cuando
evitamos que un joven abandone el colegio.
Cuando enseñamos
un oficio.
Cuando abrimos una
puerta en vez de cerrarla.
Cuando una
comunidad decide no soltar a los suyos.
Empieza en la
familia, formando valores.
En el barrio,
creando oportunidades.
En los talleres,
compartiendo conocimiento.
En las empresas,
apostando por la educación y el desarrollo humano.
No se trata solo
de economía.
Se trata de
propósito.
Se trata de
dignidad.
Se trata de
construir un país donde nadie se quede atrás.
No esperemos que
la luz venga de lo alto,
cuando el mundo se
ilumina desde abajo.
Cada uno tiene un
espacio… sus propios metros.
Cuidémoslos.
Hagámoslos fértiles.
Porque cuando
millones de pequeños espacios florecen,
una nación entera
se transforma.
El cambio no es un
evento.
Es una decisión
diaria.
Y empieza con
nosotros.
