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jueves, 5 de febrero de 2026

El automóvil del alma

 







Carácter: motor, dirección y frenos
A lo largo de la vida he llegado a una conclusión sencilla:
una persona de carácter es aquella que integra emoción, intelecto y voluntad.
Tres pilares.
Tres piezas fundamentales.
Como un automóvil.
El carácter es, en cierto modo, el vehículo con el que transitamos la vida.
Y como todo vehículo, necesita tres sistemas básicos para funcionar:
Motor: el corazón, la emoción, la sensibilidad.
Dirección: el intelecto, no como acumulación de conocimientos, sino como discernimiento.
Frenos: la voluntad, el dominio propio, la capacidad de detenerse y elegir.
Un automóvil con mucho motor pero sin dirección se estrella.
Uno con dirección pero sin frenos es peligroso.
Uno con frenos pero sin motor no avanza.
Uno sin corazón ni rumbo está perdido.
Así también el ser humano.
Hoy vivimos en una época que ha exaltado los sentimientos.
Se nos invita a sentirlo todo, a amplificarlo todo, a reaccionar a todo.
Pero rara vez se nos enseña a conducir lo que sentimos.
No estoy en contra de los sentimientos.
Al contrario: he sido siempre un hombre sensible.
Hay cosas que me conmueven hasta las lágrimas.
Hay injusticias que me duelen profundamente.
Hay historias que me atraviesan el alma.
Pero también he aprendido algo esencial:
los sentimientos son pasajeros.
Si uno deja que ellos tomen el volante, la vida se vuelve errática.
Una montaña rusa emocional.
Un camino sinuoso sin destino claro.
Sentir es humano.
Ser gobernado por lo que se siente en cada momento… es vivir a la deriva.
El carácter aparece cuando el corazón siente,
pero la dirección decide
y la voluntad sostiene.
A lo largo de mi vida he visto muchas veces la diferencia entre la emoción que se queda en el gesto… y la emoción que se convierte en acción.
Cuando fui joven y milité en movimientos sociales, no lo hice por frialdad, sino por sensibilidad ante la injusticia.
Cuando trabajé con niños con discapacidad, nunca me bastó con escuchar el “pobrecitos”.
No eran “pobrecitos”.
Eran seres humanos con derecho a una vida digna.
Sentir lástima no mejora la vida de nadie.
Actuar con carácter, sí.
Como mecánico, he escuchado historias de personas que llegan con el coche averiado y el alma también.
A veces no les he cobrado.
A veces solo he escuchado.
A veces he intentado aportar una pequeña luz.
No por sentimentalismo momentáneo,
sino porque el carácter convierte la emoción en algo duradero.
La sociedad actual corre el riesgo de quedarse en la emoción superficial:
ver, conmoverse, reaccionar… y seguir de largo.
Un ciclo de estímulos y lágrimas que no se transforma en compromiso.
Pero el carácter pide un paso más.
Pide preguntarse:
¿qué puedo hacer con lo que siento?
¿cómo convierto esta emoción en algo que permanezca?
¿cómo paso del impulso al acto consciente?
El carácter no anula la sensibilidad.
La ordena.
La orienta.
La convierte en fuerza constructiva.
El corazón es el motor.
La mente clara es la dirección.
La voluntad es el freno que permite elegir el rumbo.
Y solo cuando los tres trabajan juntos,
el automóvil del alma puede avanzar con sentido.
Cada ser humano es, en última instancia, el conductor de su propio vehículo.
No elegimos todas las carreteras.
No controlamos el clima.
Pero sí podemos desarrollar el carácter con el que conducimos.
Porque tener destino en la vida no es cuestión de suerte.
Es cuestión de carácter

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